Este 1 de mayo, la Confederación General del Trabajo de Andalucía, Ceuta y Melilla alza la voz desde los centros de trabajo, los barrios y las plazas. Quienes con sus manos y su esfuerzo sostienen hospitales, fábricas, campos y servicios esenciales demuestran cada día que la resistencia no es una opción, sino una necesidad vital frente al despojo cotidiano. La riqueza de esta tierra la creamos nosotras y nosotros; por eso, y solo por eso, tenemos en nuestras manos la capacidad histórica de desmontar un sistema explotador y construir uno nuevo basado en la autogestión, la solidaridad y la dignidad.
Reivindicamos un 1 de Mayo combativo y con memoria histórica. Recordamos a quienes arrancaron jornadas dignas, salarios justos, condiciones seguras y libertad sindical mediante la organización obrera y la acción colectiva. Hoy, ante una crisis que no provocamos pero pagamos, volvemos a levantar nuestras banderas rojinegras en señal de rebeldía y lucha.
Asistimos a la normalización institucional del fascismo y la extrema derecha, impulsada por la complicidad del Partido Popular. El PP asimila y ejecuta sin rubor las propuestas más reaccionarias, criminalizando la disidencia, atacando las libertades y dividiendo a la clase trabajadora con discursos xenófobos, patriarcales y antipopulares. Este giro autoritario, que amenaza con consolidarse en Andalucía, es la respuesta del capital a su propia crisis de legitimidad. El antifascismo no es una postura ideológica, es una obligación de clase.
La emergencia habitacional es la herida más sangrante. La financiarización del suelo ha disparado alquileres y precios a niveles inasumibles, mientras las medidas actuales se revelan cosméticas. Exigimos un cambio de modelo radical: aumento drástico del parque público, regulación efectiva de precios, expropiación funcional de viviendas vacías y la desmercantilización del derecho a un techo. No habrá justicia social mientras la vivienda siga siendo un activo financiero.
La desigualdad económica se oculta tras cifras macroeconómicas engañosas. La temporalidad, la pérdida de poder adquisitivo y la precarización laboral son la norma. Esta explotación tiene rostro de género: brecha salarial, sobrecarga de cuidados e infravaloración del trabajo feminizado. Exigimos inversión masiva en sanidad y educación públicas, universales y gratuitas, que reviertan la lógica de la austeridad y garanticen la reproducción digna de la vida.
Los retos estructurales exigen una respuesta desde la justicia social y la transformación ecológica. La transición energética no puede ser propaganda empresarial; debe articularse como un proceso justo que garantice empleo digno y soberanía territorial. No permitiremos que se profundice la brecha entre la Andalucía interior despoblada y los grandes núcleos urbanos. La crisis de cuidados, agravada por el envejecimiento, demanda un sistema público, universal y comunitario, alejado de la mercantilización.
El imperialismo acelera su ofensiva con agresiones ilegales y genocidas. Denunciamos la escalada militar contra Irán y Líbano, orquestada por Estados Unidos, Israel y la OTAN, que viola el derecho internacional y masacra a la población civil para imponer su dominio geopolítico. No son operaciones de paz: son crímenes de guerra.
España participa de esta maquinaria de muerte mediante su pertenencia a la OTAN y la cesión de territorio para bases extranjeras. Rota, Morón y otras instalaciones en suelo andaluz son plataformas de agresión imperialista que nos convierten en objetivo militar. Exigimos la salida inmediata de la OTAN, el cierre definitivo de todas las bases y el fin de toda complicidad con regímenes que practican el genocidio. La paz se construye con solidaridad internacionalista, no con alianzas criminales.
Denunciamos el aumento de los gastos en defensa acometidos por el gobierno del Estado español, las exigencias de compras de armamento norteamericano y las inversiones en EEUU impuestas por el gobierno de Trump en el seno de la OTAN, como también el préstamo de 90.000 millones de euros que la UE va a aprobar para Ucrania en días próximos, una medida que no busca la paz, sino perpetuar una guerra en nuestras fronteras que nunca se devolverá. ¿Quién paga la factura? Las clases populares. En nuestro país, las rentas del trabajo financian la inmensa mayoría de la recaudación directa, soportando una carga fiscal muy superior a las rentas del capital, que evaden impuestos sistemáticamente. Mientras se recortan servicios esenciales, se moviliza dinero a espuertas para enriquecer a la industria armamentística. Rechazamos este saqueo y exigimos que los recursos públicos financien vidas dignas, no guerras ajenas.
Elevamos nuestra voz con el pueblo palestino, que resiste heroicamente frente al fascismo sionista y colonial. Denunciamos la ocupación, los asentamientos, el muro, los bombardeos y el apartheid sistemático. Exigimos el fin inmediato de la ocupación, el desmantelamiento de muros y asentamientos, y el reconocimiento pleno del derecho al retorno. Rechazamos toda complicidad económica, diplomática o militar con el régimen israelí.
Denunciamos también la traición al pueblo saharaui, históricamente abandonado por un Estado español que fue potencia colonial y hoy se niega a asumir su responsabilidad jurídica. La exclusión deliberada de las personas saharauis de los procesos de regularización migratoria no es un olvido burocrático: es un acto político de complicidad con la ocupación marroquí y con los intereses económicos que explotan los recursos del Sáhara Occidental. Exigimos el fin inmediato de la ocupación, el respeto al derecho inalienable a la autodeterminación reconocido por la ONU y la regularización urgente de todas las personas saharauis en nuestro territorio. Su lucha anticolonial es nuestra lucha.
Denunciamos la criminalización de las personas migrantes, tratadas como criminales por huir de guerras y pobreza causadas por el capitalismo y el colonialismo. Ninguna persona es ilegal. Las fronteras son un invento del poder para dividirnos. Si no hay fronteras para el capital, no debe haberlas para las personas. Exigimos regularización inmediata, cierre de los CIEs y fin de las políticas xenófobas. Su lucha es nuestra lucha.
Recordamos la sangría diaria de muertes y enfermedades en los centros de trabajo bajo el eufemismo de «accidentes laborales». No son accidentes, son consecuencia de la falta de prevención, el incumplimiento normativo y la presión insostenible por la productividad. Detrás de cada vida truncada hay una empresa que prioriza beneficios sobre la vida humana. ¡Ni un trabajador o trabajadora menos! Exigimos prevención real, castigo ejemplar y el derecho universal a un trabajo seguro.
Este 1 de Mayo no es celebración vacía, es llamamiento a la acción permanente. La CGT invita a la clase trabajadora a organizarse, tejer redes de apoyo mutuo y enfrentar al poder mediante la asamblea, la huelga y la movilización directa. No esperemos a que otros cambien el mundo; juntas y juntos podemos transformarlo. El verdadero cambio viene de abajo. Nos comprometemos a seguir luchando por un futuro donde la libertad, la igualdad y la justicia social sean una realidad.



